Hernán Larraín presenta documento en Consejo General de la UDI

Libertad y Desarrollo, con igualdad, es la idea central del documento presentado por el  Senador Hernán Larraín ante  en el Consejo General de la UDI realizado el sábado 12 de enero recién pasado en Valparaíso. La propuesta, que cuenta con el apoyo de un grupo de parlamentarios,  platea un diagnóstico de la situación actual política que  enfrenta la Coaliciónpor el Cambio y una serie de propuestas de acción.

En la oportunidad el Senador hizo una breve explicación del contenido del documento.

“Cuando hablamos de libertad hablamos de lo central, creemos que la persona es el eje del proyecto social y no el Estado. Por lo tanto todo lo que se haga tiene que ser para que las personas sean realmente libres que puedan desarrollarse en forma independiente, y no por solo asistencialismo de las políticas de Estado que hacen depender a la gente del funcionario público. No basta con eliminar la pobreza como principal desafío.
No hay verdad libertad, ni hay verdadero desarrollo si hay muchos chilenos y chilenas que pueden desarrollar sus vidas en forma autónoma e independiente. Nosotros no queremos que por su origen social o por consideraciones de género no tenga las mejores oportunidades. Hemos avanzado pero hay brechas sociales alarmantes. El camino para romper las desigualdades es la educación”.

“Queremos ver a nuestro partido con un discurso que realmente represente a la gente. Queremos hacer un llamado de atención para que con esta autocrítica podamos asumir el compromiso de fortalecer la unidad en nuestro sector, de refrescar nuestro proyecto político y actualizarlo con la causas que realmente importan a la gente. Pero sobretodo, recuperando el alma de la UDI esa alma que nos ha hecho grandes, que parte no sólo de la generosidad sino que de un compromiso de la política, entendida como el servicio público. Ese es el desafío y a eso los quiere invitar este grupo de parlamentarios”.

Documento presentado ante el Consejo General:

ANTE EL ESCENARIO POLITICO ELECTORAL DE 2013:

PROPUESTAS PARA EL CONSEJO GENERAL DE LA UDI

(12 DE ENERO DE 2013)

Senadores: Hernán Larraín, Jaime Orpis, Alejandro García Huidobro

Diputados: Giovanni Calderón, David Sandoval, Romilio Gutiérrez, Manuel Rojas

Introducción

Durante 2013 tendrán lugar diversas contiendas electorales: Primarias el 30 de junio, elecciones presidenciales en primera vuelta, junto a elecciones parlamentarias y de consejeros regionales el 17 de noviembre y, eventualmente, segunda vuelta presidencial el 22 de diciembre. Este escenario obliga: a tener un diagnóstico de la situación actual y potencial que enfrentamos, total claridad política del panorama global, definir los objetivos que se persiguen en cada una de esas elecciones y determinar las estrategias para alcanzarlos. Quienes suscribimos este documento queremos formular nuestras apreciaciones y sugerencias para que el Consejo General de la UDI adopte los acuerdos políticos correspondientes que se hagan cargo de su contenido.

Este es un momento clave para el destino político del país y debemos hacer el mayor esfuerzo para enfrentar un proceso que se advierte difícil. Quienes tenemos seguridad en nuestras ideas y en nuestra gente, pensamos que el futuro está en nuestras manos y que el éxito depende de nuestras acciones y no de los errores o comportamientos de nuestros adversarios políticos.

Diagnóstico

De acuerdo a nuestra percepción, un diagnóstico mínimo de la realidad política actual conduce a conclusiones inquietantes respecto de nuestras perspectivas políticas en el actual panorama:

a) La adhesión al Gobierno sigue baja a pesar de haber crecido en 4 puntos en la última medición. Ésta es de un 31% según el CEP, pero con una reprobación que se mantiene estable en torno al 51% y un porcentaje de refleja una elevada falta de confianza en el Presidente del 62%, lo que hace impensable una recuperación significativa del reconocimiento que, en justicia, correspondería a la gestión del gobierno en lo que resta de su período.

b) Los porcentajes de apoyo a los precandidatos presidenciales de la Coalición, según las encuestas, no miden aún el verdadero potencial de nuestros candidatos. Es justo recordar que en las tres últimas elecciones presidenciales los resultados de los candidatos de la Coalición nunca han sido inferiores al 47%, y a ese nivel llegarán nuestros postulantes tarde o temprano. Por eso, las primarias son la oportunidad para potenciar las respectivas opciones de la UDI y RN, valorando que en la actualidad Laurence Golborne, candidato de la UDI, duplique en posibilidades al candidato de RN, Andrés Allamand. De lo que se haga de aquí a entonces dependerá el éxito

final de la opción de la UDI. A su vez, la forma de enfrentar este proceso de primarias puede ser determinante para el período siguiente.

c) La oposición mantiene un alto nivel de discrepancias entre sus integrantes, pero logra disimular sus diferencias. Existen fuertes y profundas divergencias ideológicas, programáticas, de liderazgos y de estrategias políticas en la Concertación y la oposición en general. No obstante ello, con astucia e inteligencia, logran reducir en las apariencias la profundidad de las grietas que los separan. Lo hacen por diversos caminos. A nivel presidencial, por la vía de la candidatura Bachelet que distrae de las fisuras internas, oculta todo debajo de la alfombra y convierte al resto de las opciones presidenciales de la oposición en verdaderos “teloneros” de su opción. Por su parte, en el ámbito parlamentario, intentan también alcanzar la conformación de una sola lista común, un “parlamento para Bachelet”, con el doble propósito de trasmitir unidad y de alcanzar doblajes en aquellas circunscripciones y distritos en que sea posible. La Concertación ya está en acuerdo con Partido Comunista para ello y se procura incluir a otros sectores. Su debilidad actual –la desunión- se reduce aparentemente, recuperando una antigua fortaleza.

d) La Coalición por el Cambio se ha visto debilitada en su actuar político. Primero, porque en los hechos se ha convertido en la misma Alianza de siempre, sin mantener mayores vínculos con grupos externos, como los que participaron en la Coalición en las elecciones presidenciales pasadas. Esto restringe su imagen de conglomerado amplio y crecedor. En seguida, no existe institucionalidad alguna de la Coalición, lo que significa que cada uno de sus integrantes actúa con entera libertad, sin concertación ni planificación de sus acciones políticas, manteniendo la unidad sólo por los encuentros que se producen en el gobierno, en el plano legislativo y ante situaciones concretas, como las recientes elecciones municipales. Las Primarias presidenciales del sector pueden acrecentar la perspectiva de un nuevo escenario de divergencias. En forma más o menos sutil, la evidente y explicable necesidad de marcar diferencias ha hecho que las opciones Golborne y Allamand se vean y se presenten no solo como competitivas sino que, más bien como contrapuestas, abriendo conflictos menores que agrandan las diferencias y pueden provocar heridas difíciles de curar una vez terminada esta confrontación. La unidad real que tiene el sector se desdibuja, eliminando una de sus principales fortalezas ante la Concertación.

e) No existe un proyecto político claro y definido en nuestro sector, que le confiera sentido, unidad y orientación pública a la labor política que desplegamos en todos los frentes. Las ideas fuerzas que nos inspiran nos son suficientes para dar respuesta a las nuevas demandas sociales ni sirven para distinguir un objetivo político común en lo que perseguimos que resulte identificable para la ciudadanía y atractivo ante su decisión electoral. El Gobierno ha hecho una gran gestión, pero no ha logrado darle un sentido unitario ni de futuro a esa gestión. Se han plantado muchos árboles, pero no un bosque. Los partidos de la Coalición no han hecho mejor su trabajo. No existe un proyecto común actualizado que se pueda presentar al país y, siendo realistas, la contienda de las primarias aleja la posibilidad de tenerlo en el corto plazo. La falta de un horizonte narrativo conduce a los proyectos políticos a descansar más en figuras personales que en el contenido de sus proyectos para lograr el poder. Por eso es importante establecer debates y trabajos de convergencia que sea permanentes para no debilitar las ideas de fondo que

sustentan dichos proyectos.

f) La UDI no ha logrado precisar ante el país el sentido que tiene ser un partido popular ante los actuales desafíos. Ello significa que la percepción ciudadana no tiene claridad de lo que representamos o de lo específico de nuestro mensaje. Se diluyen nuestras propuestas en medio de las del gobierno o del sector. Las elecciones, y las primarias especialmente, permiten avanzar en la elaboración de propuestas y mensajes, actualizar nuestro proyecto y renovar ante el país el sello social de nuestra posición. El riesgo de ser identificado como una colectividad de derecha más no dice directa relación con el perfil de nuestro mensaje, sino con la interpretación que se da livianamente de él por los medios de comunicación.

¿Qué hacer?

Es la pregunta que surge y es a lo que el Consejo General de la UDI debe abocarse. Es tentador seguir el camino de la acción rápida y aparatosa de las proclamaciones de grandes figuras, acompañados de discursos voluntaristas. Pero todo parece indicar que enfrentamos una situación de la mayor complejidad política posible. Pareciera razonable debatir estos hechos y buscar un camino distinto que permita enfrentar de otra forma el escenario porvenir. Continuar por la misma ruta que hemos seguido en el último tiempo sólo agudizará el problema y limitará nuestras posibilidades de éxito político. No basta entonces con proclamar a nuestro abanderado presidencial, es necesario asumir junto a él un compromiso adicional que genere otro escenario para nuestras posibilidades presidenciales y parlamentarias, que corresponda a nuestras expectativas. Para ello, queremos proponer al Consejo General las siguientes ideas y propuestas de acción que, de adoptarse, podrían producir el cambio que la Coalición y la UDI requieren con urgencia.

1.- Fortalecer la unidad de la Coalición, con amplitud e institucionalidad. Supervisar el funcionamiento de las primarias y coordinar con mayor efectividad nuestra relación de trabajo con el Gobierno

2.- Apoyar la gestión de Gobierno, para que su labor termine con el mayor reconocimiento posible, participando para ello en la definición de sus prioridades y en su estrategia de implementación

3.- Asumir como Coalición la conducción del proyecto político. El Presidente Sebastián Piñera tienen como prioridad su gestión de Gobierno y es nuestra la responsabilidad respecto de la tuición y continuidad del proyecto

4.- Perfilar con claridad la propuesta política de la UDI, bajo el liderazgo de nuestro candidato presidencial, definiendo el significado del compromiso como “partido popular” ante las actuales demandas sociales y presentando ante la ciudadanía una propuesta de futuro que recoja

nuestras ideas y soluciones de un modo renovado y atractivo

5.- Definir una estrategia política de la UDI en diferentes ejes: focalización del debate en torno al sello propio de nuestra propuesta; proyección de una actitud política cercana al centro social dentro del espacio de la centroderecha; renovación de nuestro estilo de servicio público como elemento diferenciador en el trabajo político; y ratificación del compromiso de mantener el espíritu de unidad y armonía durante las Primarias

Desarrollo de estas propuestas:

1.- Fortalecer la unidad de la Coalición, con amplitud e institucionalidad. Supervisar el funcionamiento de las primarias y coordinar con mayor efectividad nuestra relación de trabajo con el Gobierno

Es esencial admitir que luego de asumir nuestra alianza el Gobierno, los partidos que la integran han dejado de actuar en forma conjunta o institucionalizada. Se trabajó así durante mucho tiempo y probablemente, ése fue uno de los factores que explica el éxito presidencial de Sebastián Piñera, que se benefició del contraste de esa situación ante la división y falta de coherencia interna de la Concertación. Mantener dicha forma de trabajo en la Coalición es erróneo y falto de visión política, alienta el camino propio y fortalece la percepción de que también nuestra sector acusa diferencias sustanciales similares a las de la oposición.

Consideramos que nuestro sector tiene un grado muy fuerte de afinidad, y que incluso es posible integrar con más fuerza a otros sectores con quienes hemos desarrollado acciones conjuntas.

Estimamos necesario que la UDI promueva la institucionalidad de la Coalición, con reuniones sistemáticas y permanentes entre sus directivas y con otras instancias de actuación unitaria. En ese mismo sentido, ante la realidad de las Primarias, que son causa inevitable de tensiones y diferencias, consideramos conveniente que se establezca algún mecanismo de seguimiento y solución de controversias que fije las reglas del juego y zanje cualquier dificultad que surja en el proceso, tal como lo han planteado los senadores de la UDI y RN en fecha reciente.

Del mismo modo, esta instancia debería fortalecer la coordinación de la Coalición con el Gobierno, de modo de colaborar en su gestión.

Se debe recuperar ante la opinión pública la convicción que nos asiste de que hoy, por las profundas divisiones que imperan en la oposición, un gobierno de ese sector no garantiza la gobernabilidad.

2.- Apoyar la gestión de Gobierno, para que su labor termine con el mayor reconocimiento posible, participando para ello en la definición de sus prioridades y en su estrategia de implementación

La responsabilidad del éxito de la gestión del Gobierno recae también en nuestra Coalición. Es por ello indispensable que podamos intervenir en forma coordinada, tal cual se señaló recién, en la determinación de los objetivos políticos del Gobierno, en sus estrategias y determinación de prioridades, así como en su implementación.

Los bajos índices de aprobación de nuestro gobierno exigen un esfuerzo adicional en este año de clausura de su gestión. Pero ello supone acciones ordenadas y coherentes de la coalición, y una actitud de atención de la autoridad presidencial hacia nuestros planteamientos.

Es importante que en el año de clausura de la gestión de gobierno se proyecte al máximo posible los logros obtenidos por este gobierno. Es necesario que la ciudadanía, a la hora de votar, advierta que un gobierno de la oposición no garantiza la continuidad de esos logros, tales como el crecimiento económico, el aumento del empleo, o la agenda social impulsada por nuestro gobierno.

3.- Asumir como Coalición la conducción del proyecto político. El Presidente Sebastián Piñera tienen como prioridad su gestión de Gobierno y es nuestra la responsabilidad respecto de la tuición y continuidad del proyecto

¿Quién es responsable de la conducción de nuestro proyecto político? Si bien su liderazgo queda de hecho entregado al Presidente de la República cuando éste pertenece a nuestra Coalición, la verdad es que siempre es tarea y deber de quienes dirigen el conglomerado. Por ello, cuando el Presidente Piñera señala que su responsabilidad primordial es la de hacer el mejor gobierno posible, antes que entregarle la banda a uno de los nuestros, nosotros debemos entender que nuestro compromiso, apoyando la mejor gestión del Gobierno, es asegurar la continuidad del proyecto del cual somos responsables. Ello impone deberes que hoy no se están cumpliendo debidamente porque no se ha asumido por nuestras directivas el deber de conducir nuestro proyecto político y así de asegurar su continuidad en el tiempo.

4.- Perfilar con claridad la propuesta política de la UDI, bajo el liderazgo de nuestro candidato presidencial, definiendo el significado del compromiso como “partido popular” ante las actuales demandas sociales y presentando ante la ciudadanía una propuesta de futuro que recoja nuestras ideas y soluciones de un modo renovado y atractivo

En especial, es indispensable asumir un nuevo discurso para enfrentar el período venidero. No basta ni resulta conveniente descansar en la opción de nuestro candidato presidencial: es clave fortalecer y renovar nuestra propuesta política que éste debe encabezar, para su propio éxito. La reiteración de propuestas anteriores sólo amenaza con alejarnos de la sintonía ciudadana. Para ello, proponemos un debate que pueda concluir en una propuesta nueva, con ejes claros y objetivos precisos que reflejen el pensamiento del a UDI y que constituyan un aporte al sector. La orfandad de ideas en el ámbito político o la repetición de viejas propuestas está distanciando a la gente de la política. De igual modo, resulta conveniente precisar qué sentido tiene para nosotros definirnos como “partido popular” en estos momentos, precisando el sello social que queremos imprimirle a la acción política.

Para este debate, proponemos que definamos como idea fuerza central de nuestro proyecto el siguiente: Libertad y Desarrollo, con Igualdad.

Bajo estos conceptos podemos agrupar las principales inquietudes ciudadanas y la respuesta a ellas desde nuestro ideario.

a)Libertad, como eje de nuestras convicciones. El Estado existe para hacer posible la felicidad de las personas y debe ordenarse para esa finalidad. Las personas son por definición libres y toda propuesta programática debe tener como objetivo fortalecer esta convicción, como manera de asegurar el cumplimiento del objetivo. Ello supone la elaboración de políticas públicas que refuercen la autonomía personal y la autosuficiencia de las personas, entendidas ellas como parte de un cuerpo social que se necesita para que cada uno pueda lograr sus fines particulares. Libertad, ejercida responsablemente, en forma solidaria con el resto del cuerpo social.

Dicha libertad debe enfatizarse en todos los ámbitos de la vida pública y se deben adoptar las medidas necesarias para limitar o eliminar, según el caso, los aspectos que la impiden.

Así, vivir en una sociedad libre significa vivir en un país sin temores. Esto es, sin miedo a la delincuencia, a la enfermedad, a la vejez.

Vivir en una sociedad libre significa abrir espacios para el emprendimiento de las personas en la vida económica, política, social y cultural.

Vivir en una sociedad libre significa organizar el Estado respetando el ámbito de decisión de las personas y la autonomía de las organizaciones de la sociedad civil. Significa potenciar el desarrollo desde las comunas y descentralizar el país en torno a las regiones.

Vivir en una sociedad libre significa un compromiso de las autoridades de actuar con probidad y transparencia en el desempeño de sus funciones, combatiendo la corrupción y toda actuación irregular o con conflicto de intereses.

Vivir en una sociedad libre significa ponerse del lado de las personas ante diferentes escenarios que les puedan afectar en distintos roles: como consumidores, como afiliados o como cotizantes, fijando criterios legales que asuman su defensa ante situaciones en que se rompa la igualdad jurídica.

Vivir en una sociedad libre implica respetar la diversidad de las personas, rechazar toda forma de discriminación y construir la sociedad en torno al respeto y la tolerancia.

Vivir en una sociedad libre representa asumir no sólo los derechos de las personas, también sus deberes y la correspondiente responsabilidad social que le van anexos.

b)Desarrollo. Nuestra aspiración se resume en la necesidad de fortalecer la evolución de nuestro país bajo criterios de desarrollo amplios e integrados. No es suficiente el crecimiento, queremos desarrollo social.

Ello implica ciertamente poner énfasis en el mejoramiento y crecimiento económico, asegurando un ritmo que mantenga en alrededor del 6% el aumento anual del PIB, con una creación permanente de empleos que, con el tiempo no sólo sea en número sino que en calidad (aspectos que el retorno de la Concertación amenaza con detener): empleos decentes, debidamente remunerados, bajo esquemas de defensa y respeto de los derechos de los trabajadores públicos y privados, con organizaciones sindicales efectivas y regímenes de negociación colectiva pertinentes.

Impulsamos una visión desarrollo en su sentido más amplio: social, esto es que integre las diversas miradas de la vida personal para darle a todos verdadero bienestar. Ello supone la eliminación de la pobreza como condición irrenunciable y prioritaria, y la consolidación de la clase media junto a la satisfacción de sus aspiraciones; una educación completa y de calidad para todos; viviendas sociales dignas y término del déficit existente, fin a los campamentos y aldeas, vida urbana completa en servicios públicos cercanos y eficaces; salud accesible y con niveles de calidad mínimos iguales para todos; una política agrícola que reconozca y valore el trabajo del campo y apoye el desarrollo rural; respeto –no subordinación- al medio ambiente en un esquema de sustentabilidad y progreso; energía renovable y no renovable, que asegure el crecimiento, en la proporción que sea posible; vida deportiva y cultural diversa en el barrio y en cada pueblo y ciudad del país; consideración e integración del adulto mayor.

Tampoco hay desarrollo sin que la célula base de la sociedad, la familia, no recibe el reconocimiento a su rol fundamental. La disgregación, el incremento de la drogadicción y el alcoholismo, la violencia urbana, la soledad, la desorientación juvenil se relacionan con la falta de albergue familiar, entendido éste en el sentido amplio que lo ha desarrollado la cultura nacional. Fortalecer a la familia, dignificar a la mujer en igualdad de derechos, son parte ineludible del verdadero desarrollo.

También incluye una mirada realista de integración y respeto al desarrollo de los pueblos originarios, procurando niveles de vida equivalentes al respeto de los chilenos, pero siempre posibilitando la preservación de su identidad esencial.

c)Igualdad. La armonía y paz social constituyen objetivos ineludibles en nuestro ordenamiento nacional. La enorme brecha que existe entre nuestros compatriotas, que tiene diversas manifestaciones (de ingreso, de acceso a bienes y servicios de calidad similares, de origen geográfico o regional, etc.), debe ser abordada de un modo radical.

No podemos concebir una sociedad libre y desarrollada con altos niveles de diferencias entre sus miembros. No basta con eliminar la pobreza, se requiere asegurar niveles mínimos de igualdad social, entendida ésta como igualdad de acceso a niveles de bienes, servicios e ingreso que sean: mínimos y de calidad equivalentes. No hablamos de garantizar que construiremos una sociedad de iguales, al modo de la utopía socialista, sino que de construir una sociedad en que cada persona tenga pleno acceso a los medios y elementos que le permiten diseñar y construir la vida a que aspira. Nunca más que el futuro de una persona dependa del lugar en que nació, sino de sus

El Estado debe ser facilitador de la promoción social, para así abrir espacios a la movilidad social.

Ello exige una política cuyo eje central es la educación, en niveles de acceso total y de calidad mínima equivalente en todos sus niveles, desde el preescolar, medio y hasta el superior, incluyendo la capacitación laboral permanente que es menester. En una sociedad del conocimiento, el ascenso social y la igualdad mínima depende del éxito que el país tenga en construir una sociedad docente responsable y universal.

Este es el elemento que configura el círculo básico de nuestras aspiraciones, sin el cual no resulta comprensible nuestro compromiso “popular”. Por eso postulamos Libertad y Desarrollo, pero sólo tiene sentido ello si se hace asegurando la Igualdad, en los términos mencionados.

Las próximas elecciones se definirán en torno a este punto: quién sea más capaz y más creíble en su compromiso de asegurar las igualdades sociales en un clima de libertad y desarrollo, será quién recibirá la mayor adhesión ciudadana.

5.- Definir una estrategia política de la UDI en diferentes ejes: focalización del debate en torno al sello propio de nuestra propuesta; proyección de una actitud política cercana al centro social dentro del espacio de la centroderecha; renovación de nuestro estilo de servicio público como elemento diferenciador en el trabajo político; y ratificación del compromiso de mantener el espíritu de unidad y armonía durante las Primarias

El escenario político nos obliga a actuar con claridad estratégica ante la difícil coyuntura que enfrentamos y a la que ya nos hemos referido. Debemos focalizar el debate en torno al eje que nos interesa y no dejarnos arrastrar al que buscan nuestros adversarios. Lo que se debe debatir es el futuro del país y no la obra del actual gobierno. El sello propio de la UDI debe hacerse notar en esta oportunidad, centrando las campañas en lo central: el eje debe ser quién es más capaz de continuar el desarrollo de Chile en niveles de crecimiento y amplitud social, asegurando el espacio de las personas libre y solidariamente, procurando igualdades sociales básicas.

Es clave fijar los términos del debate y asumir su liderazgo, para no dejarse arrastrar a una discusión donde los términos pueden ser relevantes ante la opinión pública. La evaluación del Gobierno y su gestión tendrá lugar necesariamente, lo que importa es que ésta se de en una perspectiva de futuro, recogiendo los enormes avances que han tenido lugar en este período, como antecedente para demostrar nuestra capacidad de continuar la obra positiva hecha, pero al mismo tiempo para realizar los cambios que permitían alcanzar el objetivo de bien social que motiva nuestras acciones.

En este mismo sentido, y habida consideración de las reflexiones anteriores, creemos conveniente buscar un posicionamiento político que nos sitúe en el espectro político en un nivel distante de las tradicionales posturas de derecha o izquierda. Una actitud política cercana al centro social, dentro de la centroderecha, identifica el sentido de partido popular que nos define e interpreta

La forma cómo corresponde llevar adelante este conjunto de elecciones debe reflejar un estilo político renovado. No más confrontaciones duras, no más descalificaciones personales, no más ironías injuriosas. Más argumentos, más propuestas concretas, más actitud proactiva. Más humildad, menos soberbia. Más terreno, menos oficina. Esta es una oportunidad en la cual nuestros candidatos y quienes los apoyen pueden dar testimonio de una forma distinta de hacer política y de vincularse con la comunidad. De nuevo, nuestra forma constitutiva de hacer el servicio público, nuestro olvidado estilo político, puede ofrecer ventajas comparativas en este proceso.

En este mismo sentido, resulta necesario comprometer la forma y el espíritu con que vamos a enfrentar las distintas elecciones, particularmente las primarias. Debemos asegurar que entre los candidatos de nuestro partido que compitan por un cupo de diputado o de senador prometan un comportamiento responsable y compatible con la unidad, en el estilo de respeto que debe reinar en nuestra colectividad. El Tribunal de Disciplina deberá estar especialmente activo para asegurar este comportamiento. Del mismo modo, las primarias presidenciales deben ser asumidas por todos los participantes en igual clima y espíritu, comprometiendo la armonía necesaria que exige una confrontación compleja, pero que exige dar testimonio de unidad y competencia amistosa. El bien común debe inspirar estas acciones, recordando que el 1 de julio se inicia la carrera definitiva de la Coalición, que requiere del aporte de todos.

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