Revise el documento “El compromiso político y social de la UDI de cara al Chile del siglo XXI”

En el marco del Consejo Directivo Ampliado de la UDI, que se llevó a cabo este 6 y 7 de julio en Algarrobo, el senador Hernán Larraín, junto a sus pares Jaime Orpis y Alejandro García Huidobro y junto a los diputados: Gustavo Hasbún, Felipe Ward, Giovanni Calderón, David Sandoval y Gonzalo Arenas, presentó el documento “El compromiso político y social de la UDI de cara al Chile del siglo XXI”

EL COMPROMISO POLÍTICO Y SOCIAL DE LA UDI DE CARA AL CHILE DEL SIGLO XXI

Preámbulo: La Transformación Social y la Necesidad de Cambio En una época marcada por la ‘naturalización de lo social’, es necesario reivindicar el carácter constructivista de la política, como la actividad orientada a la construcción del inacabado orden deseado, comprendiendo y aceptando que la comprensión personal de dicho orden está determinado por el marco vivencial de cada persona y siendo coherente, de paso, con la concepción que sustentamos sobre la libertad individual.

Nuestro país, sus instituciones y particularmente nuestro partido no pueden dejar de interrogarse. Ninguna sociedad, ninguna organización ni persona alguna que deja de cuestionarse puede encontrar respuestas a los problemas que la aquejan, al menos antes de que sea demasiado tarde y las respuestas, aun las correctas, se hayan vuelto irrelevantes.

Un ente cerrado, autosuficiente e insensible al entorno está condenado a la extinción. Y en un mundo de híper competencia como el que ha surgido de las estructuras económicas que hemos contribuido a crear, la extinción puede sobrevenir en forma súbita. Una organización abierta a las señales externas, por críticas que ellas sean, es finalmente más fuerte que las que se amurallan en su orgullosa identidad.

Nos preguntamos si estamos conformes con el orden existente o si, por el contrario, consideramos que puede ser mejor. Urge entender a cabalidad los mecanismos sociales e individuales de comprensión de la realidad. Y de ello debe surgir la fuerza para combatir todo aquello que nuestro sentido ético determina como incorrecto, dañino o nocivo para el bien social y no a una actitud cínica que asuma que el orden es como es y sólo cabe pensar una estrategia que nos permita explotar sus reglas para nuestro provecho personal, sin considerar lo que es justo o injusto.

La posibilidad de mejorar el estado de cosas existente radica en la apertura de un espacio que conjugue lo público y lo privado, un espacio en que los problemas privados adquieran una significación colectiva y donde puedan nacer y cobrar forma y sentido ideas como ‘el bien público’, ‘la sociedad justa’ o ‘los valores comunes trascendentes’.

Democracia y Reformas Políticas Es necesario superar la concepción de la democracia como un simple método para generar la representación política. Reconociendo la existencia de valores superiores y permanentes que están por sobre la soberanía popular y la necesidad de resguardarlos incluso de las vulneraciones que puedan provenir de su ejercicio por parte de una mayoría ocasional, es necesario establecer el contenido de esos valores a la luz de los nuevos consensos de la sociedad chilena. Profundizar en la defensa de los principios que la inspiran y que también forman parte del cuerpo de valores permanentes y trascendentes a la soberanía popular, constituye un imperativo ético.

La cohesión social, materia prima de toda sociedad sana, debe fundarse en la inclusión – entendida como fin y no como mero medio de contención –, y no en el solo ejercicio ocasional de la soberanía popular.

Nuestra acción política debe estar orientada a asimilar el conjunto de los problemas privados como públicos de interés general. Hoy los problemas privados tienden a ser definidos de un modo que torna extraordinariamente difícil ‘aglomerarlos’ para poder condensarlos en una fuerza política.

La comunidad a la que debemos propender no puede estar construida a partir del miedo, la sospecha y el odio. La amistad y la solidaridad, son y deben seguir siendo los principales materiales de la construcción comunitaria, tanto en la sociedad chilena como en nuestro partido. La solidaridad constituye un refugio y garantía de certidumbre y, por tanto, de autoconfianza y de seguridad, proporcionando las condiciones básicas e imprescindibles para ejercer la libertad que defendemos y el deseo de experimentar que constituye la base de todo emprendimiento.

El no tener una visión coherente de una sociedad buena no puede ser motivo de orgullo.No es éticamente aceptable el no preocuparnos por tenerla y el haber substituido el esfuerzo en pos del bien común por la libertad de perseguir la satisfacción individual.

La sociedad contemporánea se caracteriza por el temor y la frustración que buscan desesperadamente una vía de escape común.El anhelo de esa vía de escape, ‘no se contradice con el individualismo, sino que es producto de la patologización del individualismo’.

Actualmente se observa una presión sistemática por desmantelar las defensas contra la inseguridad largamente construidas. Por un lado, se tiende a abolir las instituciones destinadas a limitar el grado de incertidumbre y los daños que causa y, por otro, a frustrar los intentos de idear nuevas medidas colectivas para mantenerla a raya.

Las personas se han retraído a sus espacios más privados porque sienten que las redes de vínculos que los hacían formar parte de las grandes totalidades como la Nación, se han ido desintegrando o están a punto de desintegrarse, instalando la éticadel ‘ser astuto y evitar las trampas, causar la impresión adecuada y ser convincente incluso para aquellos inmunes a impresionarse.’.

Libertad, Igualdad y Economía Social de Mercado

La libertad individual no puede ser comprendida sólo en el estrecho margen de la libertad de optar, sino también como libertad para comprender la realidad, madre de la aceptación, respeto y promoción de la diversidad. Nada más opuesto a la libertad que la homogeneidad generada por la imposición hegemónica de una determinada visión de la realidad.

Hasta hace no más de medio siglo, la defensa de la libertad era un ideario desafiante que invitaba al gran salto de tomar la existencia en nuestras propias manos. Hoy se resume en una aceptación resignada de premisas que han llevado a muchos a creer que todas las alternativas son peores, deben ser peores y demostrarán ser peores si se las lleva a la práctica. El liberalismo de hoy se reduce al simple credo de ‘no hay alternativa’.

La idea de libertad ha perdido casi toda credibilidad. La única libertad que las personas sienten tener, es ese aspecto de la condición humana al que se denomina ‘libertad negativa’, un aspecto que, en el uso popular, ha sido entendido como libertad de elegir y en su versión populista es ‘menos Estado y más dinero en el bolsillo’. La libertad que en realidad existe se explica como la ausencia de restricciones impuestas por una autoridad política a la avaricia y otros vicios humanos que vulneran la dignidad de las personas.

Hoy, en pro de la libertad individual se ha establecido un discursoque dificulta el coincidir y converger, el mezclarse y combinarse, el unirse y ser unidos.La libertad individual solo puede ser producto del trabajo colectivo, solo puede ser conseguida y garantizada colectivamente. De ahí que la garantía de satisfacción de un mínimo de igualdades sociales resulta esencial para hacer posible el logro de las libertades personales y públicas. Su establecimiento es, además, señal de estabilidad social y política.

La política democrática debe ocuparse de desmontar los límites de la libertad de los ciudadanos, pero también de la autolimitación de esta: hace libres a los ciudadanos para permitirles establecer, individual y colectivamente, sus propios límites, individuales y colectivos. Esta segunda parte de la proposición es la que se ha perdido. Todos los límites son ilimitados.

Observamos cómo, paulatinamente, las instituciones políticas han ido abandonando o recortando su papel en lo referido al establecimiento del código y la agenda de opciones. Sin embargo, esto no significa que paralelamente se esté ampliando la esfera de libertad negativa, ni tampoco que se esté expandiendo la libertad de elección de las personas. Solo significa que la función reguladora de las relaciones humanas es cedida a fuerzas ajenas a las instituciones políticas, es decir, a fuerzas no elegidas democráticamente ni controlables por la ciudadanía.

La ausencia de elementos de cohesión social ha conducido a que la sociedad actual necesite algo tangible y localizable de qué preocuparse. Algo que, aunque imaginariamente, esté a su alcance, en su poder, algo en cuya configuración las personas sienten poder influir. Así lo han demostrado los movimientos sociales que han estallado en diferentes partes del país.

Por ello la política ha vuelto a ser un asunto esencialmente local, y como el lenguaje de la política es el único en el que podemos hablar de medicinas para las desdichas y preocupaciones compartidas, hay en la clase política una tendencia natural a buscar explicaciones y remedios en una zona próxima al terreno conocido de la experiencia cotidiana, su espacio vital, fomentando y justificando el caudillismo y la práctica clientelar. Tenemos la convicción de que estos efectos constituyen un factor de desintegración social que no hacesino poner en serio peligro el futuro de un país mejor.

Rechazamos el proceder meramente electoralista que se atiene estrictamente a las estadísticas de las encuestas y en el cual los difundidos y complejos sentimientos deincertidumbre e inseguridad se reducen a una simple preocupación por la ley y el orden, es decir, la protección del cuerpo, de la propiedad privada, y del hogar, evadiendo la diversidad y complejidad del entramado social.

Este proceder conduce a que la anomalía se convierta en lo normal y, con ello, a que toda normalidad se vuelva sospechosa de desviación, es decir, a la desconfianza frente a lo bueno, lo ponderado y lo razonable.

Siendo la búsqueda incesante del bien común el objetivo último de la UDI como organización política, no somos partidarios del desmantelamiento de todas las barreras o límites que obstaculizan el libre juego de los intereses meramente individuales sin consideración del bien común.

Un Partido Popular: La educación como eje del progreso social y personal

Frente a las profundas transformaciones que ha experimentado la sociedad chilena, gracias a las reformas estructurales en las que hemos influido decisivamente en las últimas cuatro décadas, consideramos indispensable reafirmar nuestro compromiso con los más necesitados y con la cada vez mayor clase media a cuyo desarrollo hemos contribuido decisivamente.

Reafirmando nuestro compromiso con el modelo social de economía de mercado, manifestamos nuestra convicción de que toda acción pública debe estar inspirada en y orientada al desarrollo y respeto de la persona humana. Por ello, rechazamos cualquier condicionamiento del ejercicio político a las exigencias de un sistema económico que no ponga como eje a la persona humana.

Junto con defender con convicción el modelo social de economía de mercado que ha dado a Chile progreso y bienestar, defendemos los derechos de las personas y rechazamos cualquier intento por eludir la competencia y la transparencia, pilares fundamentales de una estructura económica centrada en la persona. Del mismo modo, creemos en la necesidad de una estructura tributaria que permita consolidar el proyecto reformador que históricamente hemos promovido, especialmente en materia de educación, que junto al emprendimiento constituyen las grandes palancas del progreso personal, familiar y social.

Conclusión

Debemos recuperar la visión de largo plazo que, en las creencias colectivas e individuales, ya parece no tener sentido. La vida de las personas, de las sociedades y de las economías se inscribe hoy en la sola perspectiva del corto plazo, poniéndonos en situación de tomar decisiones sin considerar sus efectos más allá de los beneficios que puedan producir en lo inmediato. En una sociedad que ha cambiado, donde se destacan las aspiraciones de una nueva clase media emergente, corresponde repensar la respuesta política bajo nuevos paradigmas que se identifiquen con los nuevos consensos de la sociedad que estamos construyendo.

El mal encuentra su mejor expresión en la banalidad. No podemos permitir que la banalidad se transforme en la sabiduría última.

Es necesario crear las condiciones para que no resulte moralmente más aceptable morir como un idealista defendiendo una utopía, que vivir lo suficiente para transformarse en un político con poder.

Propuestas para la Coyuntura

De las reflexiones precedentes se puede desprender la necesidad de adoptar ciertas definiciones claves para el futuro próximo de la UDI, sin dejarse llevar por el tráfago de lo cotidiano, pero con la determinación necesaria de influir en el futuro de país y asegurar una conducción política fundada en un proyecto inspirador, amplio, moderno que se fundamente en la persona, en la libertad, en la cohesión social y en las igualdades sociales básicas, para construir una sociedad democrática, representativa y participativa, con instituciones sólidas y transparentes que fortalezcan nuestro sentido de pertenencia y procuren por sobre todo asegurar el bien común.

A partir de estas premisas, postulamos como los objetivos políticos deseables a alcanzar por la UDI en el período inmediato, los siguientes:

1.- En el ámbito político electoral: reafirmar los compromisos adoptados en el Consejo General respecto de la elección de candidato presidencial de la UDI. Este deberá ser alguien de nuestro partido o un independiente, elegido del modo más amplio y democrático posible, no después del mes de marzo, para participar –deseablemente en una primaria que se debería realizar no después de junio- con el o los candidatos de la Coalición por el Cambio en la nominación de un candidato único del sector para las elecciones de noviembre 2013.

Lo esencial en esta elección debe radicar en la voluntad política de escoger a quién mejor represente el proyecto político de nuestra colectividad. No puede estarse sólo a antecedentes estadísticos, sino que su nominación debe ser fruto de un debate de opciones que recojan el pensamiento, los principios, el estilo y la sensibilidad social de nuestro partido, para que quién resulte escogido represente con autenticidad nuestro compromiso político de cara al siglo XXI.

2.- En los contenidos del proyecto político que debemos impulsar, se debe perfilar con precisión aquellos aspectos que son prioritarios en el enfoque que debe tener nuestro partido en la actualidad, luego de la experiencia de ser gobierno y pensando en los desafíos por venir. Ello define ciertos rasgos centrales, en nuestra perspectiva:

a) una orientación social que recoja nuestro compromiso de UDI Popular. La erradicación de la pobreza, la mejoría de la calidad de vida de la clase media y un clima de armonía y tranquilidad social deben ser objetivos prioritarios de nuestra gestión de gobierno. Ello supone políticas de desarrollo económico comprometidas con las igualdades sociales esenciales, a saber: igualdad de acceso, igualdad de calidad, igualdad de oportunidades e igualdad de trato o consideración. Potenciar el crecimiento no es para mejorar nuestra posición internacional, sino para garantizar que todos los chilenos sean partícipes de un bienestar material y espiritual acordes con la dignidad humana. Ello define los caminos claves para alcanzar estos propósitos: la educación y el trabajo digno.  Para el logro de esos fines se deberán adoptar los caminos que se estimen más adecuadas, con espíritu abierto, sin excluir alternativas, tales como una reforma tributaria efectiva que haga posible los cambios educacionales.  b) un compromiso económico que, centrado en la persona, potencie la libertad de emprendimiento como eje del desarrollo, con un Estado facilitador que garantice la competitividad del modelo, regule el funcionamiento de los procesos económicos en cuanto sea necesario para permitir el esfuerzo personal libre dentro de una economía abierta.  c) la determinación de avanzar en la modernización del Estado con reformas políticas que permitan fortalecer nuestra democracia: fortaleciendo sus instituciones democráticas (partidos políticos democráticos descentralizados, participativos y transparentes; sistemas electorales mayoritarios, competitivos y que garanticen gobernabilidad; conflictos de interés y actividades de lobby reguladas en forma clara y pública; etc); garantizando los principios de ética y transparencia en el funcionamiento de las autoridades y servidores públicos; descentralizando funciones y recursos en regiones y comunidades locales; desburocratizando el funcionamiento del aparato estatal; asegurando el funcionamiento autónomo de instituciones del Estado (al modo del Banco Central) que deben permanecer fuera de la contingencia política o de las determinaciones de los gobiernos de turno (Servicio Electoral, Superintendencias, Indap, Consejo para la Transparencia, etc.).  d) el fortalecimiento de la vida personal en torno a la familia, entendida ésta en un sentido amplio (no sólo dentro del esquema de la familia tradicional), protegiéndola, apoyándola y haciendo posible que se constituya en el eje educacional y socializador de los principios y valores sociales.  e) la conformación de una sociedad cohesionada, inclusiva y no discriminatoria, que permita el desenvolvimiento libre y responsable de sus miembros. La solidaridad personal y el respeto a la diversidad deben orientar sus formas y relaciones sociales

3.- Enfrentar los próximos desafíos electorales y concluir el actual período de gobierno, suponen un cambio en la coordinación y actitud política observada por la Coalición oficialista en este período. No es consuelo el desastre de la oposición.

Es nuestro deber hacer un esfuerzo adicional por desarrollar una política de alianzas sólida y generosa. Sólida, para demostrar que el interés por cumplir con los compromisos electorales y la disciplina en torno a un objetivo es real y duradera. Generosa, porque supone optar por el bien del país antes que por intereses personales o partidistas, reafirmando que la unidad es el único camino posible.

 

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